Estéticamente el edificio carece de elementos decorativos de gran interés, salvo una breve espadaña a modo de campanario y los vanos cegados de su frente. Desde la perspectiva arquitectónica el edificio que a nosotros ha llegado es de planta rectangular distribuida en una sola nave con coro e iluminado por tres vanos circulares, y puerta de acceso adintelada de la que ha desaparecido el cornisamiento metálico que la protegía, accediéndose por medio de una escalinata. La fábrica es de mampostería de piedra enlucida y encalada y el hastial de la fachada principal se remata en espadaña de un vano con campana, siendo su cubierta a dos aguas.

El edificio original se reformó el año 1906 bajo el proyecto y dirección del maestro de obras Don José Bilbao Lopategui, ejecutada por el contratista local don Martín González de Durana.

El edificio tiene su origen en un antiguo humilladero, construcciones religiosas medievales que se erigían en las villas y extramuros frecuentemente a la entrada de los pueblos y en encrucijadas de caminos con el fin de que el viajero encontrase un lugar devoto para realizar las oraciones en su travesía. Siendo inicialmente sencillas construcciones de un pedestal con una cruz o imagen, evolucionarían hasta dar lugar a edificios techados que se convertirían en ermitas o humilladeros de la tipología, más frecuente en la comarca, de los existentes en Fruiz, Arrieta o Fika. En algunos casos estos edificios servían como velatorio de difuntos según la tradición popular que exigía que los muertos descansasen expuestos al público antes de su inhumación definitiva.

Más información en museoplentzia.org